El desmoronamiento democrático: el 74 % del mundo vive hoy bajo autocracias y retrocede a niveles de los años 70 / Análisis de Daniel Zovatto
La democracia liberal atraviesa su momento más crítico desde el inicio de la tercera ola de democratización. Tras 15 años de estancamiento, el 74 por ciento de la población mundial —alrededor de 6.000 millones de personas— vive hoy bajo regímenes autocráticos, mientras que otro 41 por ciento —unos 3.400 millones— reside en países donde la democracia se encuentra en deterioro.
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Durante décadas, buena parte del pensamiento político asumió que, pese a sus retrocesos ocasionales, la expansión democrática conservaba una lógica de largo plazo: podía desacelerarse o sufrir crisis temporales, pero la dirección general del movimiento parecía clara. El reciente informe 2026 del Instituto V-Dem de la Universidad de Gotemburgo —presentado esta semana—, que lleva como título “El desmoronamiento de la era democrática” (Unraveling the Democratic Era), sugiere que esa premisa ya no se sostiene. Según sus autores —tesis que comparto—, no estamos ante una recaída pasajera ni frente a una simple “fatiga democrática”; estamos ante una nueva era de autocratización.
La evidencia que presenta el informe es contundente. La democracia global ha retrocedido hasta niveles comparables con los de finales de la década de 1970. En otras palabras, gran parte de las conquistas alcanzadas durante la llamada tercera ola de democratización —iniciada en 1974 con la Revolución de los Claveles en Portugal— ha sido erosionada. El ciudadano promedio del mundo vive hoy en condiciones democráticas semejantes a las de 1978. Es la constatación de que medio siglo de avances institucionales y de libertades ha sido, en gran medida, revertido.
Según V-Dem, Estados Unidos ha perdido su estatus de democracia liberal. Foto:EFE.
Lo más inquietante de este proceso no es solo su escala, sino su localización. La autocratización ya no se concentra exclusivamente en Estados periféricos o democracias de baja intensidad. Ha llegado al corazón mismo del orden liberal occidental. Según V-Dem, por primera vez en más de medio siglo, Estados Unidos ha perdido su estatus de democracia liberal. El dato tiene un peso geopolítico inmenso: se trata del deterioro interno de la democracia más influyente del mundo y también del debilitamiento del país que, hasta hace poco, era el principal garante histórico del orden internacional basado en reglas.
De acuerdo con el citado informe, el segundo mandato de Trump se caracteriza por una rápida y agresiva concentración de poder en la Presidencia, que altera de manera sustantiva el equilibrio institucional. El deterioro más pronunciado se observa en las restricciones legislativas. No obstante, el documento subraya que, por ahora, los mecanismos electorales se mantienen estables. La verdadera prueba se medirá en las elecciones legislativas de medio término del próximo 3 de noviembre.
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Deterioro global
El deterioro estadounidense no debe leerse como una anomalía aislada. Es parte de una tendencia global. Según V-Dem, el mundo tenía 92 autocracias y 87 democracias a fines de 2025. El 74 por ciento de la población mundial (6.000 millones) reside en autocracias, mientras que apenas el 7 por ciento (600 millones) vive en democracias liberales, siendo Dinamarca, Suecia, Noruega, Suiza, Estonia e Irlanda quienes encabezan el índice democrático.
La tendencia global es igualmente negativa: mientras solo 18 países en el mundo están democratizándose —una cifra históricamente baja—, 44 están en proceso de autocratización, casi una cuarta parte del total mundial. Además, en 2025 había más personas viviendo en autocracias cerradas (28 por ciento, es decir, 2.300 millones) que en democracias electorales y liberales combinadas (26 por ciento, es decir, 2.200 millones). Estas cifras revelan que la democracia liberal no solo ha dejado de expandirse: ha pasado a ser, demográficamente, una condición minoritaria.
La primera ministra de Italia, Giorgia Meloni y el primer ministro de Hungría, Viktor Orban. Foto: EFE
Las implicancias geopolíticas de esta tendencia son profundas. En primer lugar, el debilitamiento de las democracias reduce el compromiso con el multilateralismo y acelera la transición desde un orden basado en reglas hacia otro regido por relaciones de poder. En segundo lugar, la expansión de modelos iliberales incrementa la tolerancia hacia prácticas autoritarias y reduce los costos internacionales de la represión interna. En tercer lugar, la autocratización fragmenta aún más el sistema internacional, en un momento en que las rivalidades geopolíticas, la crisis de gobernanza global y los conflictos armados exigen niveles de cooperación cada vez más difíciles de alcanzar.
¿Hay espacio para un optimismo prudente? Sí, pero acotado.
El informe de V-Dem muestra que el mundo ha cruzado un umbral peligroso. La democracia ya no puede ser entendida como el horizonte natural de la modernidad política ni como el punto de llegada inevitable del desarrollo. Ha pasado a ser un régimen en disputa, acosado desde fuera por autocracias consolidadas y erosionado desde dentro por líderes que, una vez electos, utilizan las instituciones democráticas para vaciarlas de contenido.
La cuestión ya no es si la democracia está en retroceso. La evidencia acumulada en el informe de V-Dem confirma que lo está. La verdadera incógnita es otra: si las sociedades democráticas serán capaces de reaccionar a tiempo para defender sus instituciones, reconstruir su legitimidad y renovar un contrato social que articule libertad, representación y eficacia; o si, por el contrario, terminará imponiéndose una contraola autoritaria de mayor alcance y duración.
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Ambos escenarios siguen abiertos. Pero su desenlace no dependerá únicamente de gobiernos o élites políticas. También recaerá —de manera decisiva— en la conducta, las convicciones y el compromiso de los propios ciudadanos. Porque, en última instancia, la democracia no se erosiona ni se renueva en abstracto: se sostiene —o se pierde— en la acción concreta de quienes creen en ella. Sin demócratas comprometidos, no hay democracia que perdure.
Daniel Zovatto
Director y editor de Radar Latam 360 – @zovatto55





















