Muerto Jamenei, futuro de Irán oscila entre represión, guerra civil y transición democrática: ¿sobrevivirá el régimen? / Análisis de Mauricio Vargas

“Tras toda una vida de lucha incesante, el padre compasivo de la bondad, el líder e imán de los musulmanes, su eminencia el ayatolá Alí Hoseiní Jamenei, bebió el dulce y puro trago del martirio y se unió al supremo reino celestial”, dijo el domingo entre lágrimas el presentador de la televisión oficial de Irán al anunciar la muerte del hombre que, con mano de hierro y un sanguinario ejercicio del poder, dominó su país durante 37 años.

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Murió como consecuencia de los bombardeos de una gigantesca operación conjunta de fuerzas israelíes y estadounidenses contra los principales centros del poder de la dictadura, así como contra instalaciones militares y defensas antiaéreas, y que al iniciar la semana dejaban más de 550 muertos. Israel condujo al principio la mayoría de los ataques, con el apoyo del despliegue aeronaval estadounidense. Y también ha soportado el grueso de los contraataques, que el lunes en la noche dejaban nueve muertos.

Washington ha concentrado en el Mediterráneo oriental, el mar Rojo y el golfo Pérsico, dos portaaviones, 14 buques de guerra, un submarino con misiles balísticos, más de 200 aviones de combate y decenas de aeronaves de apoyo. Según el experto de la Universidad de Chicago Robert A. Pape, “esto representa entre el 40 por ciento y el 50 por ciento del poder aéreo de Estados Unidos, desplegable en el mundo”. Hasta el amanecer del martes, las bajas estadounidenses sumaban tres muertos y cinco heridos graves.

El fallecido líder supremo de Irán, Ali Jamenei. Foto: Efe

Tras la muerte del fundador de la república islámica, el ayatolá Jomeini, en junio de 1989, Jamenei concentró en sus manos el poder, férreamente apoyado en la Guardia Revolucionaria que durante casi cuatro décadas reprimió con calabozos y torturas cualquier asomo de oposición, al tiempo que sometió al pueblo a la alienación religiosa y, a las mujeres, a un severo tratamiento discriminatorio. Solo durante las protestas de este año, el régimen asesinó a más de 3.000 iraníes, según datos de la Consejo Nacional de la Resistencia. Decenas de miles más han sido encarcelados.

Jamenei no es el único jerarca muerto. También cayeron el ministro de Defensa, Aziz Nasirzadeh; el comandante de la Guardia Revolucionaria, Mohamed Pakpur; el secretario del Consejo de Defensa, Alí Shamjani, dos cercanos asesores de Jamenei en materia de seguridad; tres altos mandos de inteligencia y defensa, y decenas de funcionarios y jefes militares más. “No recuerdo en la historia un caso en que tantos altos dignatarios de un régimen, incluido el líder máximo, hayan muerto en bombardeos”, le dijo el lunes a EL TIEMPO un diplomático en París.

No recuerdo en la historia un caso en que tantos altos dignatarios de un régimen, incluido el líder máximo, hayan muerto en bombardeos

¿Es ello suficiente para que la dictadura caiga? Para nada: cuatro días después de los primeros ataques, y al tiempo que Irán responde con sus baterías de misiles, parece evidente que hará falta mucho más. Un consejo formado por el presidente de la República, Masud Pezeshkian; el jefe del Poder Judicial iraní, Golamhosein Mohseni Eyei, y un jurista del Consejo de los Guardianes se encargará de la transición.

Este poderoso consejo cuenta con el apoyo de las Fuerzas Terrestres, Aéreas, Navales y de Defensa Antiaérea, así como de la Guardia Revolucionaria y de la Fuerza Disciplinaria (Policía). “Tienen las armas y el apoyo de un sector religioso fanático de la población, y no se van a rendir así no más”, agregó la fuente diplomática.

El riesgo de guerra civil

“La caída del régimen es por ahora una posibilidad bastante incierta”, le dijo este domingo al semanario L’Express Thierry Coville, experto francés del Instituto de Relaciones Internacionales (Ifri), para quien tumbar al gobierno iraní no se reduce a matar al líder supremo. “Desde el triunfo de los ayatolás en 1979 —explicó—, el ejercito y los guardianes de la revolución no han mostrado una sola señal de defección, y el régimen previó hace tiempos el remplazo de cualquier jerarca militar que caiga muerto”.

Mojtaba Jamenei, hijo mayor del exlíder supremo de Irán. Foto: archivo particular

El reto de reemplazarlo

Durante casi cuatro décadas, la resistencia del régimen se basó en la concentración del poder en manos de Jamenei, y el apoyo que tuvo siempre de la Guardia Revolucionaria. Según Ashton Ostovar, experto estadounidense en los conflictos del Medio Oriente que habló este fin de semana con la revista Le Grand Continent, los guardianes sostenían firmemente a Jamenei “y no permitían que persona alguna cuestionara su autoridad o su legitimidad, y a cambio, el líder supremo les entregó todos los recursos que necesitaban y todos los poderes que pedían”. Buena parte de la corrupción del régimen viene de esas amplias potestades de los guardianes de la revolución.

¿Qué puede pasar ahora que el líder supremo cayó abatido? Lo primero, y más urgente para el gobierno, es que la Asamblea de los Expertos —cuerpo de 88 juristas expertos en la ley islámica— elija a un sucesor. Algunas fuentes citan a Alí Larijani, hombre fuerte de la seguridad y mano derecha de Jamenei, como un sucesor capaz de negociar con Washington. Otros apuestan por Mojtaba Jamenei -según la prensa local iraní, él sería el elegido-, hijo del dirigente fallecido, quien contaría con el apoyo de la Guardia, pero eso le daría un sello de monarquía hereditaria a un régimen que se considera república.

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El humo se eleva desde el lugar de un ataque aéreo israelí que tuvo como objetivo las oficinas de Al-Qard al-Hassan, una institución financiera vinculada a Hezbolá.

Y hablando de monarquía, un candidato a gobernar es Reza Pahlavi, hijo del sah derrocado por la revolución islámica en 1979. En las manifestaciones de enero, algunos portaban pancartas con su rostro, algo inimaginable hace apenas unos años. Desde su exilio en París, el domingo en la noche envió un mensaje al pueblo iraní: “Mis compatriotas, Alí Jamenei, el déspota sanguinario de nuestra época, asesino de decenas de miles de los hijos e hijas más valientes de Irán, ha sido borrado de la faz de la historia. Con su muerte, la República Islámica ha llegado a su fin y muy pronto será relegada al olvido”.

Pero la figura de Reza Pahlavi, una carta de sustitución que el gobierno de Israel apoya, no genera consenso entre las fuerzas opositoras que llevan años de disputas internas. “No luchamos contra la dictadura religiosa para reemplazarla por otra dictadura”, declaró hace pocos días Mustafá Hijri, líder del Partido Democrático del Kurdistán Iraní, para descartar a Reza Pahlavi.

No luchamos contra la dictadura religiosa para reemplazarla por otra dictadura

Mustafá HijriLíder del Partido Democrático del Kurdistán Iraní

La oposición está dividida, y el régimen aún no se ha derrumbado. Pero los vientos de cambio soplan con fuerza, mientras la dictadura es azotada militarmente por Estados Unidos e Israel y, en el frente interno, por la inflación, el desempleo y el hastío de millones de iraníes con la represión. Pero —explicaba el domingo en El País de España Ángeles Espinosa— “… ello no garantiza una salida favorable a los deseos de la población (…). Por ahora, el aparato de poder mantiene su capacidad coercitiva”. 

En su editorial del lunes, el diario parisino Le Figaro terciaba: “La ausencia de una oposición organizada complica las cosas. Liberados de un tirano, Irán y el mundo esperan por fin pasar esta página oscura de la historia. Pero el desenlace está cargado de incertidumbres”.

Mauricio Vargas Linares – ESPECIAL EL TIEMPO – mvargaslina@hotmail 

IG: @mvargaslinares

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