Trump no busca cambiar de régimen en Irán, su apuesta va más allá: claves de una guerra que definirá su legado político y el futuro de Medio Oriente

Cómo llegó Donald Trump a la decisión de atacar a Irán y cuál es el objetivo final son preguntas que todavía, a una semana de que comenzaran a caer las bombas sobre Teherán, permanecen sin respuestas claras.

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Collage inteligencia artificial / Estados Unidos / Captura Nicolás Maduro / Claude / Anthropic

Inicialmente, el presidente estadounidense habló de una operación de cambio de régimen, motivada por décadas de agresiones iraníes que representaban una amenaza existencial. Luego, el secretario de Estado, Marco Rubio, insinuó que habían optado por apretar el gatillo, pues Israel ya había decidido iniciar un asalto y era previsible que el régimen reaccionara contra los intereses de EE. UU. en la región.

Más adelante, el presidente aclaró que lo hizo de manera preventiva porque se convenció de que Irán estaba a punto de lanzar un ataque contra EE. UU., pese a que ningún organismo de inteligencia del país ni internacional había llegado a esa conclusión. Al menos no que se conozca.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio. Foto:AFP

Sea cual sea la explicación, Trump, como lo haría un jugador de póker que cree tener una buena mano, parece haber puesto todas sus fichas en el desenlace de este incierto conflicto, en momentos en que exige la rendición incondicional de Teherán y descarta, de momento, negociar el fin de la guerra.

Una gran apuesta en la que están de por medio no solo su legado y el futuro próximo del partido Republicano, sino también la estabilidad de una de las regiones más volátiles del planeta.

Él cree que fue la idiotez, la cobardía o un excesivo respeto legal por las normas internacionales lo que impidió a presidentes anteriores reemplazar a líderes extranjeros que detestaban para poner a cambio a subordinados más manejables

¿Qué buscaría realmente Trump con el ataque a Irán?

En medio del ruido, la espectacularidad de los bombardeos y la noticia de la muerte del líder supremo iraní, Alí Jmenei, ha comenzado a cobrar forma una narrativa que daría coherencia a lo que estamos presenciando. Algo que Mark Thiessen, del American Enterprise Institute, cree que es visionario y a lo que llama la “doctrina Trump”, o que Ezra Klein, del New York Times, describe como la política exterior de la “cabeza en una pica”.

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Aunque desde esquinas opuestas, ambos alegan que Trump no está interesado en un cambio de régimen, en la democratización del país, en el fin de la revolución islámica ni en que el pueblo se tome el poder. Más bien, el republicano busca alcanzar tres objetivos: el fin de las ambiciones nucleares del régimen, la destrucción de su programa de misiles balísticos para que no pueda amenazar a nadie más allá de sus fronteras y desmantelar su apoyo a los grupos proxis que operan en otras naciones del mundo como Líbano, Siria, Gaza y el norte de África.

“Lo que Trump está demostrando es que EE. UU. puede penetrar fácilmente en países más débiles para matar o capturar a sus jefes de Estado. Y que no se dejará disuadir por el derecho internacional, por el temor a consecuencias imprevistas ni por la dificultad de convencer al pueblo estadounidense o al Congreso de la necesidad de una guerra”, afirma Klein.

La apuesta implícita, agrega Klein, es que Trump cree haber descubierto una “fórmula mágica” que sus predecesores no se atrevieron a utilizar. “Él cree que fue la idiotez, la cobardía o un excesivo respeto legal por las normas internacionales lo que impidió a presidentes anteriores reemplazar a líderes extranjeros que detestaban para poner a cambio a subordinados más manejables”, señala el analista.

Irán. Foto:

¿Trump se inspira en Ronald Reagan durante la Guerra Fría?

Por su parte, Thiessen considera que lo que está emergiendo es una nueva forma de ejercer el poder estadounidense que recuerda, en cierta medida, a la estrategia de Ronald Reagan durante la Guerra Fría.

Según esa visión, el presidente habría entendido que EE.UU. puede derrotar amenazas estratégicas sin recurrir a invasiones a gran escala ni desplegar decenas de miles de soldados sobre el terreno. En lugar de guerras prolongadas de ocupación -como las de Irak o Afganistán- la clave sería una combinación de poder aéreo, golpes quirúrgicos contra los líderes del régimen y presión militar suficiente para obligar a los sucesores a moderar su comportamiento.

Trump, por supuesto, no ha llegado a esta estrategia en el vacío.

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Tras cinco años en el poder (los cuatro anteriores y este), el mandatario, dicen los analistas, se siente mucho más cómodo utilizando todos los instrumentos del poder estadounidense.

Asimismo, está rodeado ahora de asesores que tienden a alentar sus instintos más agresivos o a acomodarse a sus deseos. Más de fondo, a medida que se acerca a los 80 años, Trump parece concentrado en el lugar que ocupará en la historia.

Los riesgos de la osada apuesta de Trump con Irán

El problema es que su gran apuesta también conlleva enormes riesgos.

Para Jon Hoffman, investigador en defensa y política exterior del Cato Institute, aunque Trump busca victorias rápidas y espectaculares como la que obtuvo en Venezuela, Irán es harina de otro costal.

Hasta ahora, y apenas en sus postrimerías, el conflicto ya ha cobrado vidas estadounidenses, ha sacudido los mercados y ha disparado los precios del petróleo y el gas natural.

Ataques de Estados Unidos a Irán Foto:Archivo particular

La apuesta de Trump, en todo caso, es de alto riesgo y con ramificaciones internas profundas.

El aumento del precio del petróleo podría traducirse rápidamente en malestar público en un país donde la inflación sigue siendo una de las principales preocupaciones de los votantes, quienes tampoco parecen respaldar la incursión militar.

Y está, por supuesto, el costo en vidas humanas, que, si bien de momento se han visto limitadas (al menos las estadounidenses), podría crecer si el conflicto se prolonga, como ahora sugiere la propia Casa Blanca.

Todo esto ocurre, además, en un año electoral. En noviembre se celebran elecciones legislativas cruciales que definirán el control del Congreso y marcarán el rumbo de la segunda mitad del mandato de Trump.

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Collage futuro de Irán

En ese contexto, la guerra con Irán se ha convertido no solo en una apuesta geopolítica sino también en una apuesta doméstica de enormes proporciones. Si la estrategia funciona, Trump podría presentarla como una victoria histórica que redefinió el equilibrio de poder en Medio Oriente sin repetir los errores de Irak o de Afganistán. Pero si no, el cálculo podría volverse rápidamente en su contra.

En otras palabras, más allá del futuro de Irán o del equilibrio estratégico en Medio Oriente, el desenlace de este conflicto podría terminar definiendo algo mucho más cercano para Trump: el destino de su propia presidencia.

SERGIO GÓMEZ MASERI – Corresponsal de EL TIEMPO – Washington

@sergom68

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