Gaza: ¿por qué Israel va por la ciudad de Rafah y qué consecuencias tendrá la operación militar?

Jabr al-Basiouni vivía en Beit Hanoun, una ciudad ubicada al norte de la Franja de Gaza, cuando comenzó la operación militar de Israel en ese territorio palestino en octubre de 2023. Desde entonces, el hombre de 53 años y sus siete hijos se han tenido que desplazar cinco veces a distintas zonas del enclave huyendo de los bombardeos israelíes.

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Pero el lunes se vieron obligados a moverse por sexta vez en siete meses, cuando a primera hora del día el Ejército de Israel difundió panfletos llamando a los palestinos a abandonar el este de Rafah y a desplazarse a las áreas humanitarias ampliadas en Al-Mawasi o Jan Yunis. “Rafah ya no tiene muchas necesidades para vivir. Huiremos nuevamente a Deir al-Balah. Pero no podemos llevar todas nuestras cosas por el alto precio del transporte y la falta de combustible”, le dijo al diario británico The Guardian.

​Dicho mandato de evacuación se amplió este sábado cuando el Ejército ordenó el desplazamiento de unas 300.000 personas más ubicadas en el norte y sur de la Franja.

Así son los panfletos lanzados por el ejército israelí en los que insta a la población a «evacuar».

Foto:AFP

Con estas órdenes, Israel comenzó su anunciada ofensiva militar en Rafah, una ciudad al sur de la Franja en donde, según el primer ministro Benjamín Netanyahu, se concentran los últimos reductos de Hamás en Gaza.

Esta nueva operación israelí en el enclave palestino pone en alerta máxima a la comunidad internacional ante el riesgo de que se produzca un desastre humanitario de mayores proporciones al que ya se vive. El inicio de la ofensiva también supuso un movimiento que tensó aún más las relaciones entre Washington y el país hebreo, y que llevó incluso al presidente estadounidense, Joe Biden, a amenazar con frenar el suministro de armas tácticas a Israel.

De hecho, el Departamento de Estado dijo este viernes que Israel está usando armas estadounidenses de forma “inconsistente” con el derecho internacional, aunque después matizó su declaración al asegurar que no se han violado aún las reglas que impidan a Washington la venta de armamento. Las palabras de la administración Biden, en todo caso, marcan un tono más crítico frente a las acciones militares israelíes en Gaza.

Un grupo de personas llega a pie al barrio de Daraj, en la ciudad de Gaza.

Foto:AFP

Éxodo masivo de los palestinos alojados en Rafah

Desde el lunes, como Al-Basiouni y su familia, más de 150.000 palestinos –unos 30.000 al día– han salido de Rafah, según las cifras de la oficina de Asuntos Humanitarios de la ONU. Mientras que Israel sostiene que ya son más de 300.000 los que han salido de esa ciudad del sur. La mayor parte no poseen carro, por lo que han dejado la zona en carretas arrastradas por burros o a pie mientras cargan al hombro las tiendas de campaña en las que ahora viven o las pocas pertenencias que les quedan.

“Nuestros refugios en la zona ya están vacíos. Hay personas que deciden marcharse totalmente de Rafah porque tienen miedo a que esto se expanda y quieren irse antes de que sea demasiado tarde. Hay otras que deciden marcharse al oeste de Rafah porque Israel de momento no ha dado ninguna orden de desplazamiento allí”, le dijo a este diario Raquel Martí, directora ejecutiva del comité español de la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina (UNRWA).

Rachael Cummings, líder del equipo de Save the Children en Gaza, también describió escenas de caos durante toda la semana: “Todas las carreteras estaban llenas de coches, gente colgada de la parte trasera de los camiones, niños amontonados en lo alto de carros tirados por burros, con todas las pertenencias allí. Vimos a personas tratando de encontrar espacio para instalar cualquier refugio que pudieran encontrar”.

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Palestinos huyen de Rafah con destino a Jan Yunis tras la orden del ejército israelí.

Foto:AFP

Hasta esta semana, Rafah era considerado el último “refugio” de los palestinos en la Franja. Según la ONU, esta ciudad de 55 kilómetros cuadrados acogió a 1,4 millones de palestinos desde el inicio de la guerra, lo que representa cerca del 80 por ciento del total de los desplazados en siete meses. Esto significa, además, que la población de esa ciudad casi se quintuplicó, si se tiene en cuenta que antes del conflicto vivían allí alrededor de 300.000 personas.

“En total, en lo que llevamos de ofensiva, Israel ha ordenado el desalojo de unos 277 kilómetros cuadrados. Esto equivale al 76 por ciento de Gaza, es decir, prácticamente toda la Franja. Por eso había casi 1.500.000 personas desplazadas en Rafah”, explica Martí.

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Quienes habitan en Rafah se ven obligados a vivir en condiciones terribles, con escasez de alimento, de agua y acceso limitado a la atención

Y pese a que allí hay una cifra algo menor de daños si se compara con otras regiones de Gaza, Rafah se enfrentaba desde hace mucho a una crisis humanitaria sin precedentes. “Como se ha desplazado tanta gente desde otros lugares, quienes habitan en Rafah se ven obligados a vivir en condiciones terribles, con escasez de alimento, de agua y acceso limitado a la atención médica”, cuenta Paulo Milanesio, coordinador de Emergencias de Médicos sin Fronteras (MSF) en Rafah.

¿Por qué entonces Israel parece dispuesto a asumir el costo humanitario y político que traería esta operación en Gaza? Ignacio Gutiérrez de Terán, profesor y director del Departamento de Estudios Árabes e Islámicos y Estudios Orientales de la Universidad Autónoma de Madrid, le dijo a EL TIEMPO que, según la versión oficial israelí, Hamás está prácticamente desmantelado y solo le quedan las tropas ubicadas en el sur. 

“Si toman Rafah destruirían, según ellos, lo que les queda de Hamás y a partir de ahí podrían empezar a hablar de que la situación está controlada y que se puede proceder al ‘día después’ en Gaza”.

Rafah y el sur de Gaza se enfrentaba desde hace mucho a una crisis humanitaria sin precedentes.

Foto:EFE

Puntualmente, la oficina del primer ministro Netanyahu asegura que en Rafah quedan cuatro batallones activos de Hamás, lo que representa entre 5.000 y 8.000 combatientes. Allí se alojan, según las autoridades, las mayores cabezas del movimiento, entre ellas el jefe Yahya Sinwar, señalado como el principal artífice del ataque del 7 de octubre, que se saldó con 1.200 muertos y 250 secuestrados.

​De ahí que Netanyahu lleve meses hablando de invadir Rafah, señalando que lograr el objetivo de acabar con Hamás -el principal propósito de la guerra- no es posible si no se expanden las operaciones al sur de la Franja. “La idea de que pararemos la guerra antes de conseguir todos sus objetivos está fuera de lugar. Entraremos en Rafah y eliminaremos a los batallones de Hamás allí para lograr la victoria total”, dijo al respecto hace dos semanas.

Steven Cook, del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), también cree que el ataque a Rafah está motivado por las presiones que ha enfrentado Netanyahu de múltiples sectores para, por un lado, recuperar a los más de 130 rehenes que permanecen en manos de Hamás y, por el otro, garantizar que lo que pasó el 7 de octubre no suceda de nuevo. “Y eso significa proseguir sus operaciones militares en Gaza de tal manera que Hamás no pueda volver hacerlo”, dijo esta semana en un foro.

Protestas en Tel Aviv para pedir la liberación de los secuestrados israelíes.

Foto:AFP

Pero Rami Dajani, director del proyecto Israel/Palestina en el International Crisis Group, le dijo a este diario que el ataque en Rafah podría tener el efecto contrario, pues en lugar de presionar a Hamás para que acepte las condiciones israelíes en los diálogos para una tregua, podría endurecer la postura negociadora del grupo islamista, especialmente en lo que respecta a la exigencia de un cese completo de las operaciones militares. “Los dirigentes de Hamás verán una ofensiva importante en Rafah como una indicación de que Israel no se toma en serio su compromiso con el proceso”.

Esta semana, de hecho, Hamás aceptó una propuesta de tregua mediada por Egipto y Catar que incluía tres fases entre las que se contemplaba la retirada completa de Israel, el regreso de los desplazados y el canje de rehenes por presos palestinos. Y aunque Netanyahu envió una delegación –a pesar de afirmar que la propuesta no cumplía con sus requerimientos–, las partes abandonaron la capital egipcia el viernes y se diluyó un posible acuerdo.

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Para los analistas, además, las posibilidades de que Israel logre su cometido de acabar con Hamás tras entrar en Rafah son escasas si se tiene en cuenta que no se trata solo de un grupo con brazo armado, sino también de un movimiento político y social que incluso ha ganado más aceptación.

“No es posible eliminar a Hamás y mucho menos por la vía militar. Por muy debilitado que quede tras el castigo israelí, seguirá contando con apoyos tanto entre una población reiteradamente abandonada, como entre quienes estén dispuestos en la región a seguir aprovechando su desesperación y su rabia en beneficio propio”, señaló Jesús A. Núñez, en un análisis del Real Instituto Elcano, de España.

Este sábado, de hecho, Israel ordenó la evacuación del norte al asegurar que Hamás está reagrupando allí a sus tropas y reconstruyendo su infraestructura militar, lo que da muestra de las dificultades para eliminar al grupo.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se pronunció este jueves sobre las movilizaciones en las universidades.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden.

Foto:EFE

La incursión en Rafah, además, tendrá consecuencias en términos políticos que ya comenzaron a verse. Esta semana, por ejemplo, se conoció que Washington frenó un envío de 3.500 bombas ante las preocupaciones de que pudieran utilizarse en Rafah y el daño a civiles.

Washington ha expresado en múltiples ocasiones que Israel no ha presentado un plan concreto sobre cómo pretende proteger a los palestinos que se alojan en Rafah. Según The Times of Israel, Tel Aviv considera que los gazatíes pueden evacuar esa zona en cuestión de cuatro semanas, mientras que Washington sostiene que se trata de un cronograma “profundamente irreal” y que la evacuación podría durar hasta cuatro meses.

De ahí que Biden –presionado por el ala más progresista de su partido e incluso por protestas propalestinas a lo largo de las universidades de país– puso esta semana su primer ultimátum a Netanyahu desde el inicio de la guerra al asegurar que Washington dejaría de enviar armamento ofensivo si invaden Rafah. 

​Isaías Barreñada, profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Complutense de Madrid, señala que lo de esta semana ha dejado en evidencia que “las relaciones se han deteriorado mucho a lo largo de estos meses, debido a que Estados Unidos combina una retórica de apoyo incondicional, con algunos gestos de desacuerdo, poco efectivos (porque Netanyahu sabe sus límites)”.

“Pero Estados Unidos no dejará de suministrar armas, porque Israel colapsaría, y Biden perdería las elecciones”, señala al respecto, mientras recuerda que Netanyahu ya dejó claro esta semana que su país no teme hacerle frente a la guerra solo.

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El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu.

Foto:AFP

Máxima alerta por la situación humanitaria

Por lo pronto, las Fuerzas de Defensa de Israel aseguran que se trata de “una operación de alcance limitado y preciso”. En una semana, según su propio balance, el Ejército ya tomó el control del lado palestino del cruce de Rafah, que conecta a la Franja con Egipto, al tiempo que “localizó más de una decena de túneles subterráneos de Hamás” y “eliminó varias células terroristas en combates cuerpo a cuerpo”.

​Pero las alarmas están encendidas por las repercusiones que tendrá esta operación en el plano humanitario. El secretario general de la ONU, António Guterres, alertó el viernes que la invasión terrestre de Rafah podría provocar «un desastre humanitario épico», mientras que el Consejo Noruego de Refugiados (NRC) reiteró a inicio de semana que la ofensiva militar en Rafah “podría conducir a una fase más mortífera del conflicto”, que ya deja casi 35.000 muertos y más de 76.000 heridos.

Bombardeos en Rafah, sur de la Franja de Gaza.

Foto:AFP

Según UNRWA, en la zona desalojada hay tres centros de salud, siete refugios de la ONU –cada uno con entre 5.000 y 7.000 personas–, además de seis almacenes de ayuda humanitaria. Frenar la atención de esos espacios, dice Martí, deja a los palestinos de Rafah a la deriva y puede agravar aún más sus condiciones actuales.

La orden de evacuación también supone un riesgo si se tiene en cuenta que los palestinos desalojados se están moviendo a zonas como Al-Mawasi o Jan Yunis, donde persisten los riesgos de ataques o donde no hay infraestructura adecuada para proporcionar ayuda humanitaria. 

Si la operación en Rafah alcanza grandes magnitudes, además, la ONU alerta que es imposible realizar una evacuación masiva de 1,4 millones de personas de forma segura, lo que causaría un gran número de víctimas o un movimiento desbordado de población que puede afectar incluso a Egipto.

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​“Al Mawasi, a donde se están yendo, está al borde del mar, son dunas. No hay absolutamente nada. No hay infraestructuras, no hay agua, no hay saneamiento. Antes de que Israel diera esta orden de desalojo del este de Rafah en Al-Mawasi ya había 450.000 personas hacinadas, con lo cual no es un lugar humanitario. La otra zona es Jan Yunis, donde todo está absolutamente destruido. Son edificios en ruinas que además están llenos de remanentes explosivos”, agrega la directora de UNRWA España.

​Milaneso agrega además que esta “no es la primera vez que estas personas se desplazan. Estamos hablando de gente que ya se ha desplazado varias veces y ahora se les exige desplazarse hacia lugares más pequeños, donde los recursos son más limitados (…). Más allá de que soliciten la evacuación de las personas, los ataques son constantes y es imposible pensar que hay un lugar seguro dentro de la Franja de Gaza».

Gazatíes huyen de Rafah tras recibir orden de evacuación del ejército israelí.

Foto:AFP

En Rafah, además, se ubican los cruces fronterizos de Kerem Shalom y Rafah, por donde han estado entrando alimentos, medicinas y hasta combustible, fundamental para las operaciones humanitarias en un territorio donde ya no hay electricidad. Los cruces, no obstante, están cerrados y las operaciones de los centros de salud o de puntos de ayuda humanitaria en toda la Franja están en riesgo de frenar en cuestión de horas.

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“Tanto el cruce de Rafah como el cruce de Kerem Shalom están cerrados desde el domingo. No ha entrado nada dentro de la Franja de Gaza y, sobre todo, lo más crítico ahora mismo para nosotros es el combustible. Toda la operación humanitaria se basa en el combustible: los hospitales, las ambulancias, el bombeo de aguas residuales, el bombeo para la generación y distribución de agua potable, la gestión de residuos sólidos, la distribución de ayuda alimentaria y las operaciones transfronterizas”, señala Martí.

Los analistas consultados por este diario aseguran que es imposible predecir el alcance que Israel pretende darle a esta ofensiva en Rafah, algo que podría depender incluso de cuánta presión reciba de Washington: su principal aliado. Pero lo cierto es que mientras las fichas políticas se mueven en Israel o Estados Unidos, los palestinos temen por su destino y evacúan desesperadamente tratando de buscar el último rincón seguro que queda dentro del pequeño enclave.

ANGIE NATALY RUIZ HURTADO – REDACCIÓN INTERNACIONAL – EL TIEMPO

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