Europa se prepara para tener el verano más caliente jamás registrado, ¿qué se pronostica?

En la tarde del próximo 26 de julio, cuando 600.000 parisinos y visitantes, todos bajo el sol en tribunas, balcones y azoteas, se congreguen a lado y lado del Sena para ver el desfile de más de 10.000 atletas en 160 embarcaciones que marcará la inauguración de los Juegos Olímpicos 2024, las autoridades tendrán activadas las alarmas ante dos enormes peligros.

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El primero, un ataque terrorista. Y el segundo, las afectaciones a la salud de los asistentes que pueda ocasionar una jornada con temperaturas por encima de 40° C y una alta humedad, en el corazón mismo de un verano que los expertos del clima predicen que puede ser el más caliente jamás registrado en Europa.

“En las reuniones diarias de los equipos de organizadores antes sólo se hablaba de medidas antiterroristas como videocámaras, detectores de metales y explosivos, y seguimiento de mensajes sospechosos en redes sociales; ahora se habla, y mucho, de deshidratación, insolación, delirios por hipertermia y golpes de calor, y desmayos e infartos fruto de la canícula”, contó hace pocos días a un grupo de periodistas un testigo de esas reuniones.

En días recientes, expertos del clima y centros de investigación especializados que siguen la evolución del cambio climático, han lanzado advertencias con respecto a Francia en particular y Europa occidental en general, como regiones que, desde inicios de la década, registran el aumento de temperaturas promedio más acentuado de los cinco continentes.

Anillos olímpicos instalados en Trocadero.

Foto:AFP

Un reciente informe del Grupo Intergubernamental de Expertos en el Cambio Climático (GIEC) de Naciones Unidas, alertaba sobre cómo, en esta región del planeta, el promedio de las temperaturas más altas en los días de canícula estuvo el verano pasado tres grados por encima de la media de temperaturas tope de décadas pasadas.

En esta zona del planeta, el calentamiento global avanza de manera mucho más veloz. El climatólogo Matthew Paterson, de la universidad de Manchester, le dijo este fin de semana al diario parisino Le Monde que “los días de verano más cálidos en el noroeste de Europa se han calentado dos veces más rápido que el promedio del planeta”.

Los días de verano más cálidos en el noroeste de Europa se han calentado dos veces más rápido que el promedio del planeta.

“El norte de Francia (incluido París) y una amplia zona de Europa del noroeste soportan topes de calor mucho más elevados que en el pasado, con entre 4° C y 6° C más que en 1950, justamente por el calentamiento global de la atmósfera que provoca canículas más intensas, más frecuentes y más duraderas, y que aparecen más temprano y siguen hasta mucho más avanzado el verano”, detalló Robert Vautard, alto responsable del GIEC.

Un hombre y su hijo se refrescan en una fuente del Jardín del Turia, en Valencia, en medio de la ola de calor de 2023.

Foto:Efe/Ana Escobar

Las preocupaciones con respecto a las semanas de fines de julio y de buena parte de agosto, cuando en París y sus alrededores se estarán celebrando los Juegos Olímpicos y Paralímpicos, en muchos casos en escenarios al aire libre, se han venido acentuando desde que los expertos concluyeron que los años 2021, 2022 y 2023 han sido los más calientes desde que existen registros estadísticos, una data que cubre cerca de 200 años.

En cuanto a 2023, su verano fue especialmente prolífico en días de canícula, además de haberse prolongado durante casi todo septiembre sin que las temperaturas cedieran. Esa curva de ascenso en los termómetros, que se ha venido acentuando desde inicios de la década, hace temer que el verano de 2024 vaya a resultar especialmente severo. Y por eso, las alertas están activadas desde ya.

Estrés térmico y mortalidad, las amenazas del verano en Europa

Una mujer se refresca con el agua de la fuente de la Plaza del Trocadero, frente a la Torre Eiffel, durante la ola de calor en París en 2023.

Foto:Ian Langsdon / EFE

En el caso de Europa occidental, al aumento de las temperaturas que el cambio climático ha traído a todo el planeta, se sumó el año pasado una larga sequía. Y cuando el suelo está seco, se calienta mucho más rápido y transmite ese calor a la superficie, de modo que en la atmósfera la temperatura sube aún más y eso recalienta los suelos, en un círculo vicioso en que superficie y atmósfera se calientan mutuamente, lo que multiplica los episodios de canícula.

La última semana de julio, justamente aquella en que arrancan los Olímpicos, marcó el año pasado el mayor pico de calor en Europa occidental, con topes muy por encima de 40° C, y promedios que se movieron entre 35° C y 42° C, con sensaciones térmicas que, por cuenta de la humedad, se elevaban hasta los 48° C.

“Si eso se repite en los Olímpicos, no sería extraño que algunas pruebas deben ser suspendidas o trasladadas a altas horas de la noche”, agregó la fuente cercana a la organización. “Un número significativo de días con estrés térmico extremo, como sucedió en julio y agosto del año pasado, nos va a obligar a estar muy vigilantes ante el riesgo de salud para atletas y público”.

Si eso se repite en los Olímpicos, no sería extraño que algunas pruebas deben ser suspendidas o trasladadas a altas horas de la noche.

Un comunicado conjunto divulgado hace pocos días por la Organización Meteorológica Mundial (WMO) y por el programa Copernicus de la Unión Europea, que sigue la evolución del cambio climático, advierte que “la mortalidad relacionada con el calor ha aumentado alrededor de un 30 % en los últimos 20 años y se calcula que las muertes relacionadas con el calor se han incrementado en el 94 % de las regiones europeas observadas”.

El periodista Matthieu Goar, del diario Le Monde, uno de los más agudos analistas de la prensa en estos asuntos, resumía este lunes los efectos de lo que está ocurriendo: “Derretimiento de los glaciares, aumento de la mortalidad y de la morbilidad durante las canículas, pérdida de rendimiento de ciertos cultivos agrícolas”, entre otros efectos dañinos.

El gobierno francés está cada día más preocupado. Para las próximas semanas, está prevista la divulgación del tercer Plan Nacional de Adaptación al cambio climático, y se ha filtrado que basará sus cálculos en la hipótesis de un aumento de las temperaturas de 4 C en el país para fines del siglo, “en torno a un grado por encima del promedio mundial”, anota Goar.

Ríos, glaciares y el Mediterráneo también sufren el impacto del cambio climático

En los Alpes, año a año los indicadores muestran un descenso del número de días de nieve.

Foto:iStock

La progresión de las variables no es lineal. Si bien Europa ha registrado períodos de sequía más largos que en otros tiempos, los suceden semanas enteras de lluvias que han aumentado los episodios de inundaciones. Según el comunicado WMO-Copernicus, a pesar de la larga sequía de los primeros meses del año, “en 2023, el conjunto de las precipitaciones en Europa fue 7 por ciento superior a la media”.

“En el promedio de la red fluvial europea, los caudales de los ríos fueron en diciembre los más altos desde que existen registros, con caudales ‘excepcionalmente altos’ en casi una cuarta parte de la red fluvial”, agrega el documento. “En 2023 -detalla- un tercio de la red fluvial europea vio cómo los caudales de los ríos superaron el umbral de inundación ‘alta’ y un 16 % superó el umbral de inundación ‘grave’ ”.

En agosto de 2023 y enero de 2024, por primera vez en la historia estadística la temperatura promedio de la superficie de los océanos pasó de 21° C.

Las regiones montañosas también están sufriendo el impacto. En los Alpes, lo mismo en el invierno que en el inicio de la primavera, año a año los indicadores muestran un descenso del número de días de nieve, así como de la intensidad de las nevadas y de la duración de la capa de nieve que se acumula y que es clave, por ejemplo, para la temporada de esquí.

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Los glaciares alpinos vieron cómo se aceleró, en 2023, la pérdida de hielo. Un solo dato resulta impactante: entre 2022 y 2023, los glaciares de los Alpes perdieron cerca del 10 por ciento de su volumen, lo que marca una dramática aceleración de un proceso de reducción del hielo que ya lleva varias décadas.

El aumento de las temperaturas en la superficie de los océanos es otro fenómeno derivado del cambio climático.

Foto:Archivo EL TIEMPO

Las consecuencias van desde el deterioro de los corales hasta la reducción de las algas, además de la llegada de especies invasoras procedentes de aguas más cálidas, que han desequilibrado el orden biológico

El aumento de las temperaturas en la superficie de los océanos, otro fenómeno derivado del cambio climático con graves efectos en la flora y la fauna marinas, así como en la mayor incidencia de tormentas costeras y de huracanes, también sacude a Europa occidental. Y lo hace tanto en el Atlántico norte, con el aumento de vientos borrascosos y erosión costera, como en el Mediterráneo.

En agosto de 2023 y enero de 2024, por primera vez en la historia estadística la temperatura promedio de la superficie de los océanos pasó de 21° C. Y aunque esto ha golpeado al Atlántico norte al igual que otras aguas del planeta, lo realmente grave para Europa se ha presentado en el Mediterráneo, donde ese aumento de temperaturas está un 20 % por encima del nivel del resto de mares del mundo.

Las consecuencias van desde el deterioro de los corales hasta la reducción de las algas, además de la llegada de especies invasoras procedentes de aguas más cálidas, que han desequilibrado el orden biológico, con efectos negativos para muchas especies nativas y, de paso, para los pescadores.

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Expertos temen que 2024 supere al 2023 como el más caluroso

2023 ha sido el año más caluroso en casi dos siglos.

Foto:Archivo EL TIEMPO

Ahora que la mayoría de los expertos -unos pocos lo debaten- dan por hecho que 2023 ha sido el año más caluroso en casi dos siglos, los analistas se vuelcan sobre cada movimiento del termómetro, así como sobre los indicadores de pluviosidad, humedad del ambiente y de los suelos, y deshielos de los glaciares, entre otros, para tratar de anticipar si 2024 lo superará.

Aunque mayo apenas lleva una semana y faltan seis más para la fecha oficial de inicio del verano, el 21 de junio, la sensación general es que, como viene pasando desde hace algunos años, el aumento de las temperaturas a niveles estivales llegue antes y se prolongue hasta fines de septiembre. La pregunta es si, además de más largo, el verano será más intenso que el muy intenso del año pasado.

Y si los episodios de canícula de mitad de julio y agosto se mantienen o incluso aumentan este año, con la severidad del verano vendrán también los gigantescos incendios forestales, la sequía y el aumento de la mortalidad que, en años recientes, ha situado los fallecimientos por calor en Europa bien por encima de los 60.000. Toda una agenda de qué preocuparse para un continente que ya tiene suficientes dolores de cabeza con la economía debilitada, la amenaza terrorista y la guerra en Ucrania.

MAURICIO VARGAS LINARES – ANALISTA DE EL TIEMPO – mvargaslina@hotmail.com / Instagram @mvargaslinares

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