El triunfo íntimo de Salvador Allende

“La sensación ese día era que se pondría fin a una serie de frustraciones que veníamos viviendo como familia, y mi papá especialmente, desde de que en el 58 había estado a punto de ser presidente, y en el 64 había sufrido una rotunda y dolorosa derrota. Había una electricidad positiva, una sensación de que ahora sí íbamos a ganar”.
La senadora Isabel Allende (75) toma asiento en el comedor de la histórica casa familiar en calle Guardia Vieja, en el barrio de Providencia, en Santiago: el mismo lugar en que el 4 de septiembre de 1970, a eso de las seis de la tarde, prendieron la radio para escuchar el conteo de votos de la cuarta elección presidencial que protagonizaba el médico cirujano Salvador Allende, esta vez como candidato de la Unidad Popular (UP).
“El primer cómputo no lo dio como ganador, pero luego se empezó a ver que había una tendencia. Como a las nueve de la noche ya era claro que había sido un triunfo, estrecho, pero triunfo”, recuerda la senadora, la menor de las hijas del matrimonio entre Salvador Allende y Hortensia Bussi.
La familia en pleno se dirigió al centro de Santiago, a la sede de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile, donde Salvador Allende (socialista) pronunció su discurso de victoria desde un balcón con un megáfono.
La senadora recuerda que su padre sabía que lo que proponía como proyecto era difícil y que iba a tener obstáculos. “No iba a ser fácil, porque eran reformas profundas y estructurales importantes. Él estaba consciente. Por eso su discurso de ese día fue impactante: ‘Vayan a sus casas y cuando acaricien a sus hijos piensen en el mañana y la dura tarea que nos espera’ ”, repite ella de memoria.
La campaña del 70, la gente
la vivió con mucha alegría y esperanza (…) Se percibía un
deseo de cambio.
Una vida en la política
Salvador Allende y Hortensia Bussi se casaron en 1940, cuando él ya había elegido la vida política: en esa época era ministro de Salud de Pedro Aguirre Cerda. Vivían en un departamento de calle Victoria Subercaseaux, en el centro de Santiago. Ahí nacieron sus tres hijas, Carmen Paz, Beatriz e Isabel.
En 1953 se cambiaron a la casa de Guardia Vieja, que en su historia tiene tres campañas presidenciales y otras tantas para senador. Por eso, Isabel Allende se ha empeñado en no venderla, a pesar de que a uno y otro lado hay edificios que la han dejado con poco sol.
“De la primera campaña, en el 52, tengo recuerdos muy vagos. Me acuerdo de que estábamos en la casa de un gran amigo de mi padre y escuchábamos por la radio: ‘Allende, cero’. Sacó poquísimos votos. Pero mi padre siempre fue consciente de que era una candidatura testimonial”. En 1958 fue su segunda campaña presidencial, perdió por 30.000 votos.
Agrega que los recuerdos que tiene de esa vida familiar con este papá que viajaba todo el tiempo por sus constantes campañas son buenos. “Lo acompañábamos cuando estábamos de vacaciones, y era entretenido. Y cuando estábamos en Santiago, siempre venía a almorzar e invitaba gente. A nosotros nunca nos mandó a comer a otro lado, siempre nos sentó en la mesa y uno escuchaba unas conversaciones maravillosas”.
Isabel Allende cuenta que si bien la vida de su papá giraba completamente en torno a la política, igual había tiempo para una conversación entre padre e hija. “Los pocos días que se tomaba de vacaciones los pasábamos en Algarrobo (balneario sobre el Pacífico, a hora y media de Santiago). Ahí nos enseñó a nadar, a remar. Una cosa maravillosa que voy a recordar siempre eran los atardeceres”.
Dice que a partir de la campaña del 64, las cosas para su padre se pusieron “bien complejas (…). La campaña más agresiva fue la de ese año”. Pero de la campaña del 70 tiene otra idea. “La gente la vivió con mucha alegría y esperanza. Se habían acumulado frustraciones y la situación económica no progresaba todo lo que había prometido la revolución en libertad de Eduardo Frei. Se percibía un deseo de cambio”.
¿No sentía algo de temor por lo que podía venir?
No, no sentía temor. Había un sentimiento positivo en el aire, una expectativa, una participación… todo muy potente.
Isabel Allende hace una pausa y ofrece un té. Se ve cada día más parecida a su madre, Hortensia Bussi: tiene el mismo pelo y la misma postura corporal.
Mi madre lo admiraba, claro, pero le discutía, tenía sus ideas. Nunca se privó de ser crítica. Era súper criticona.
¿Cómo veía a su madre en ese tiempo?
Mi mamá vivió tres períodos difíciles, porque tuvo tres veces tuberculosis, y eran seis u ocho meses en cama. El Chicho –como le decían a su padre– andaba en campaña o en el Senado, y ella en cama, sin poder moverse.
Isabel era más cercana a su madre. “A pesar de que el Chicho nos atraía con su vitalidad, humor y calidez, yo me identificaba mucho con la Tencha (su mamá). Como yo era más tímida, su estilo reservado me era más cercano. Era mi refugio. Me gustaba que leyera mucho, que se rodeara de gente del teatro, de escritores. A ella le gustaba jugar Scrabble y yo hasta hoy gozo jugándolo”.
¿Esa eterna campaña de su padre la desgastaba?
Sí, no fue fácil para ella.
¿Ella se lo decía?
Todos nos dábamos cuenta. ‘Otra vez en campaña’ era la sensación. Ella vivió eternamente eso. Imagínate: mi padre fue cuatro veces senador, una vez diputado, más cuatro campañas presidenciales…
Ser mujer de Allende debe haber sido complejo…
Sí, por eso ella tenía sus espacios. Ella lo admiraba, claro, pero le discutía, tenía sus ideas. Nunca se privó de ser crítica. Era súper criticona.
¿Su posición era más de izquierda o conservadora?
Ni lo uno ni lo otro, pero siempre fue directa y decía las cosas por su nombre. Si no le gustaba una persona o no le gustaba que se hiciera una cosa, lo decía con todas sus letras. Tranquilamente.
¿Los escuchó mucho pelear?
A veces discutían. Pero siempre en el ámbito más político.
¿Y de cosas referidas a su matrimonio?
La verdad es que supongo que tenían conflictos, porque Chicho no era precisamente el más monógamo del mundo, pero no lo hacían delante de nosotros. Tampoco es que él fuera tan directo y le estuviera tocando la pierna a una mujer…
¿Su mamá sufrió mucho por eso?
Supongo, pero con la Tencha nunca hablamos mucho de eso.
¿Era machista?
Era machista como todos los de su generación, jamás se metía a la cocina, estaba acostumbrado a que le sirvieran.
Isabel Allende recuerda que una de las cosas más notables de su padre es que quería crear el Ministerio de la Mujer en el año 70. “Imagínate que recién llegamos a tener una ministra de la Mujer en el gobierno de Bachelet. Él postulaba que la mujer tenía que tener igualdad de derechos y que los hijos no podían distinguirse entre hijos naturales o no. Eso vino a ser ley en el 90. Se anticipó notablemente. En su gobierno se hizo una red de jardines infantiles que no teníamos. Quería que las mujeres participaran del trabajo”.
Entre Fidel Castro y mi padre había una relación de mucha amistad y respeto. Pero él tenía super claro que el camino de Chile era radicalmente distinto y Fidel respetaba eso.
La relación con Fidel Castro
Sobre la famosa visita de Fidel Castro a Chile, en noviembre de 1971, Isabel Allende cuenta: “Entre Fidel Castro y mi padre había una relación de mucha amistad y respeto. A él siempre le llamó la atención la parte épica de la Revolución Cubana. Pero el Chicho tenía super claro que el camino de Chile era radicalmente distinto, que no tenía nada que ver con la lucha armada, y Fidel respetaba eso”. “Yo creo –continúa– que el proceso chileno despertó mucha curiosidad en Fidel y de ahí ese viaje tan prolongado a Chile. Uno lo mira con ojos de hoy y dice: ‘Es una locura que un jefe de Estado haga una visita de 20 días’. Fidel tenía muchas ganas de conocer el país, fue al norte, al sur (…). Fidel era una persona súper inquieta, le gustaba saber de todo, ciencia, agricultura, y a mi padre le gustaba mucho conversar con él”.
Isabel Allende se detiene y dice que ha estado repasando algunas cifras de la época. “El primer año de su gobierno lo recuerdo como algo maravilloso. Chile creció 8 %; la inflación, que era 32 %, bajó a 22 %. Y en la elección municipal de 1971, su coalición sacó casi 50 % de los votos. Increíble si uno piensa que obtuvo 36 % en la presidencial. Incluso, la última elección parlamentaria, que fue en marzo de 1973, sacó 44 %, con todas las dificultades, porque había acaparamiento, mercado negro, sabotaje y asesinatos: Patria y Libertad (grupo de extrema derecha) asesinó al edecán naval y trató de hacer creer que había sido un GAP (guardia personal de Allende)”.
Pero después de ese primer año, dice, “las cosas se tornaron más complejas económica, social y políticamente; todo se fue polarizando”.
Isabel Allende vuelve a revisar algunas cifras de la época: “Creció la entrada a la universidad en 80 %; en el año 70 ya se alimentaba a alrededor de 670.000 niños. El posnatal se cambió de 6 a 12 semanas. Con la editorial Quimantú se imprimieron 10 millones de libros que se vendían en quioscos a 2 pesos”.
Hubo una cierta ingenuidad al pensar que las Fuerzas Armadas iban a ser respetuosas de
sus juramentos, y un confiar demasiado en la fuerza propia
y no valorar el nivel de
oposición que había.
¿Cuál es la crítica que le hace al gobierno de la UP?
Hubo una cierta ingenuidad al pensar que las Fuerzas Armadas iban a ser respetuosas de sus juramentos, y un confiar demasiado en la fuerza propia, en el pueblo, los campesinos, los trabajadores, no valorar el nivel de oposición que había (…). También hubo un cierto voluntarismo al pensar que con la nacionalización del cobre y la batalla por la producción íbamos a ser capaces de respaldar todo ese circulante que anduvo con los reajustes de los sueldos y las pensiones, pero ese respaldo no se dio. Y una ingenuidad al creer que con esas marchas que reunían a 700.000 personas tenías la fuerza. Pero no: había entusiasmo, sí; pero no fue suficiente. Ese entusiasmo tenía que haber estado respaldado tanto en la economía como en el resto de las áreas.
Allende suspira y toma un sorbo de té antes de seguir.
“Al final, la historia la escriben los vencedores. Incluso tras el retorno a la democracia costó mucho dar a conocer todo lo que se había hecho en el gobierno de la Unidad Popular. Mostrar las cosas positivas que no se querían ver. El nombre de Salvador Allende era impronunciable”.
No le dije: ‘Te quiero’. Hoy le diría eso.
Su último encuentro
El 11 de septiembre de 1973, Isabel Allende partió en su Fiat 600 a La Moneda. Lo tuvo que dejar botado unas cuadras antes porque no se podía pasar. Como pudo, llegó hasta donde Salvador Allende y con su hermana Beatriz tuvo que dejar el palacio de gobierno. Fue una despedida rápida con su papá. El resto es historia: días después viajó al exilio a México con su madre, se transformaron en líderes contra la dictadura en el extranjero y recién pudieron volver a Chile en 1988.
Pese a que Isabel Allende dice que de las tres hermanas, ella era la más tímida y alejada de la política, después del golpe tuvo que aprender a hablar en público de lo que había sucedido en Chile. “Había que sacar la voz y de repente te encontrabas hablando en una universidad o ante un primer ministro, el papa o presidentes. El cambio fue brutal, pero aprendí muchísimo, fue descubrir cosas increíbles, como que Salvador Allende era una figura universal”.
Hace unos días, José Antonio Kast (político de derecha) señaló que Salvador Allende ‘fue un cobarde que destruyó Chile’. ¿Qué opina de sus palabras?
A él le encanta provocar, extrema las cosas a un nivel poco deseable. Le encanta jugar ese rol provocador, pero por otro lado creo que él revela el pensamiento más ultraconservador que podemos tener. Está a la derecha de la derecha de la derecha. Él siente un profundo desprecio por las personas de su propio sector que se han dado cuenta de que es necesario hacer cambios. Además, Kast en su ‘ultrismo’ jamás podrá asimilar que hablamos de un expresidente reconocido en el mundo entero por su consecuencia y honestidad.
¿Si pudiera hablar hoy con su papá, qué le diría?
El 11 de septiembre, en La Moneda, no me podía convencer de que esa sería la última vez que lo vería. Cuando salí de allí me fui con cierta convicción de que eso podía darse vuelta. Entonces, solo le di un abrazo en silencio.
Isabel Allende se detiene unos segundos y le da el último sorbo a su taza de té: “No le dije: ‘Te quiero’. Hoy le diría eso. También que lo echo tanto de menos. Ni una palabra más ni una menos”.
ESTELA CABEZAS
El Mercurio (Chile)
Grupo de Diarios América (GDA)
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