¿qué pasaría con el mercado global si cae el régimen?

Irán es el tercer país con mayores reservas de petróleo del mundo, después de Venezuela y Arabia Saudí. Sin embargo, esa riqueza energética no se ha traducido en prosperidad económica. Por el contrario, el país enfrenta una inflación desbordada y una moneda en caída libre, en gran parte como resultado de su dependencia del crudo en un contexto de severas sanciones internacionales, aislamiento financiero y distorsiones internas.

El precio del petróleo ha subido y está volátil por el conflicto entre Ucrania y Rusia.

Irán exporta entre 1 y 1,4 millones de barriles diarios, mucho menos que su capacidad productiva.

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“En Irán, el petróleo no solo ha fracasado en su intento de convertirse en una herramienta de desarrollo, sino que se ha convertido en un instrumento de represión”, afirma Florance Kohistani, analista del diario Hasht-e-Subh Daily.

Según datos del Parlamento iraní, desde la creación del Fondo Nacional de Desarrollo en 2011, menos del 10 % de sus recursos (unos 14.000 millones de dólares) se han destinado al sector privado. En contraste, el gobierno y entidades públicas como el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica (CGRI) han concentrado más del 80 % de los 161.000 millones de dólares administrados por el fondo.

“Esta realidad ha provocado el colapso de la confianza social, -agrega Kohistani- pues cuando la gente ve que la riqueza nacional no se gasta en su propio beneficio, “la esperanza en el futuro se erosiona”.

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Las protestas de enero de 2026 en Irán comenzaron por la caída del rial y la elevada inflación.

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El malestar se refleja en los indicadores económicos. Según el Índice de Gerentes de Compras de la Cámara de Comercio iraní, la economía del país está en recesión sostenida desde mediados de 2024. En ese periodo, los precios de los alimentos se han encarecido en promedio un 72 %, mientras que el rial se ha depreciado hasta un 3.300 % frente al dólar.

El deterioro, sin embargo, no es reciente: en los últimos ocho años, el poder adquisitivo ha caído más de un 90 %, empujando a amplios sectores de la clase media por debajo del umbral de la pobreza. A ello se suma un desempleo juvenil cercano al 20 % y un mercado laboral marcado por la informalidad y la precarización.

Adam Tooze, columnista de la revista Foreign Policy, sostiene que las protestas iniciadas el 28 de diciembre responden a una “sensación general de mal funcionamiento de la economía”.

El rial se ha depreciado hasta un 3.300 % frente al dólar.

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“Si se observan las cifras del PIB, e incluso si se considera la moneda, parece más una crisis progresiva y horrenda que está llegando a un punto crítico”, resume Tooze en su podcast ‘Ones and Tooze’.

Sector petrolero, gran afectado por la crisis interna en Irán

En el sector petrolero, los problemas estructurales se agravan. El deterioro de la infraestructura y el peso de los subsidios energéticos devoran el presupuesto nacional, al punto de obligar a un aumento del 67 % en el precio de la gasolina en un país que produce cerca del 4 % de la demanda mundial de crudo.

A esta crisis se suma la denuncia del diputado Akbar Ranjbarzadeh, quien afirmó que empresas fiduciarias (encargadas de esquivar las sanciones internacionales y transferir divisas al margen del sistema bancario y de SWIFT) y casas de cambio no han ingresado al país unos 7.000 millones de dólares provenientes de la venta de petróleo.

Si se observan las cifras del PIB, e incluso si se considera la moneda, parece más una crisis progresiva y horrenda que está llegando a un punto crítico

Un escenario que se agravó con los ataques de Israel y Estados Unidos en 2025 contra objetivos estratégicos en Irán, que provocaron una fuga de capitales de entre 10.000 y 20.000 millones de dólares, así como una huida del rial hacia otros activos más seguros como divisas extranjeras, oro y criptomonedas.

Buque petrolero de la llamada «flota fantasma».

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El efecto de las sanciones internacionales en Irán

Pese a todo, el sector petrolero iraní ha sobrevivido gracias a la llamada “flota fantasma”, una red de buques petroleros que operan bajo nombres, banderas y propietarios falsos para sortear las sanciones internacionales que Estados Unidos y otros países han impuesto a Teherán desde 2018.

Antes de esto, Irán exportaba cerca de 2,5 millones de barriles diarios de petróleo, una cifra acorde con su capacidad productiva. Hoy, según estimaciones de la Agencia Internacional de la Energía y firmas de seguimiento marítimo, las exportaciones oscilan entre 1 y 1,4 millones de barriles diarios, gran parte de ellas dirigidas a China.

Para Mohammad Reza Farzanegan, economista de la Universidad de Marburgo de Alemania, “las sanciones son las que han provocado el desplome del rial” y han “diezmado el poder adquisitivo de quienes perciben un salario fijo, como profesores y funcionarios, muchos de los cuales han pasado de la clase media a la categoría de ‘trabajadores pobres’”, explica a la cadena Al Jazeera.

La relevancia de Irán en el comercio internacional del petróleo

Más allá de sus exportaciones, el verdadero peso de Irán en el mercado global reside en su ubicación estratégica. Por el Estrecho de Ormuz – la ruta comercial más importante para el petróleo, que conecta a los productores de crudo de Medio Oriente con mercados en Asia Pacífico, Europa y América del Norte.

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Estrecho de Ormuz, ubicado entre el Golfo Pérsico y el Golfo de Omán.

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Por allí transitan cerca de 20 millones de barriles diarios de crudo y combustibles, según datos de Vortexa. No existe otra alternativa rápida ni suficiente para desviar esos flujos.

“Esto convierte a Irán en algo más que un productor: es un potencial ‘interruptor’ del sistema energético global”, resume el sitio web especializado XTB.

¿Qué pasaría con el mercado global si cae el régimen?

Analistas del sector energético coinciden en que una eventual caída del régimen iraní abriría escenarios opuestos. Una transición ordenada permitiría el retorno de hasta dos millones de barriles diarios adicionales al mercado, presionando a la baja los precios globales.

En cambio, un colapso desordenado del poder elevaría la volatilidad y los riesgos sobre Ormuz, con impacto inmediato en los precios del crudo.

Irán es un potencial ‘interruptor’ del sistema energético global

Destrozos que sufrieron mezquitas de Teherán, Irán, uno de los símbolos de la República Islámica, en las protestas.

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Amylkar Acosta Medina, economista y ex ministro de Minas y Energía de Colombia, explica a este diario que el trasfondo es estratégico: “Influir en Irán, utilizando el petróleo como zanahoria y garrote, permitiría a Trump mantener a raya el precio del petróleo aumentando la oferta, que es lo que quiere, para derrotar la inflación en EE. UU., al tiempo que debilitaría la influencia rusa en la OPEP+ y en el tablero de ajedrez de la geopolítica”.

Mientras tanto, la economía iraní sigue atrapada entre sanciones externas, una renta petrolera capturada por el poder y una población cada vez más empobrecida, pese a vivir sobre una de las mayores riquezas energéticas del planeta.

Laura Juliana Castellanos Guevara – Redacción Internacional

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